martes, 13 de diciembre de 2011

CUERPO DE PAJILLERAS DEL HOSPICIO DE SAN JUAN DE DIOS

Queridos hermanos no se si meter algo mas de paja en esta entrada o callarme la boca mientras me relamo chupando una piruleta de fresa o ponerme a despotricar lo que se me viene a la cabeza.
Las dos cosas son atractivas.
Yo no se si esto será verdad o un invento, porque de veras este viaje en la búsqueda de como poder entender a nuestra santa madre iglesia, ha dado un fruto que me ha dejado ojiplatica.
Mas que ojiplatica observo triste y compunjida a mi marido tumbado en el sofá con un gran catarro mientras yo purulo por internet y no se como aliviarlo, si ofrecerle un vaso de leche con miel calentita o hacerle una paja para que se restablezca antes. El caso que mientras me lo pienso vayan sus mercedes leyendo el relato y luego me cuentan.
Sinceramente les digo que no me lo creo, si intentan buscar esta orden, saldrá en cantidad de sitios el mismo texto y nada que pueda dar una búsqueda fiable de que esto fuera cierto, a pesar que no me sorprende nada las cosas que haga la iglesia, sus miembros o seguidores esto se sale del tiesto. Y aún siendo verdad esto ya es un punto hacia mujeres buenas la paja celestial.
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En diciembre de 1840, se autorizaba la creación (merced a una especialísima dispensa del Obispo de Andalucía) del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga.

Las pajilleras de caridad (como se las empezó a denominar en toda la península) eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española.

La autora de tan peculiar idea, había sido la Hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospicio. Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó junto a algunas hermanas a "pajillear" a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su "pajilla" diaria. Los resultados fueron inmediatos.

El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aún cuando en muchos casos, hubiesen militado en bandos opuestos.

Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.

El éxito rotundo, se tradujo en la proliferación de diversos cuerpos de pajilleras por todo el territorio nacional, agrupadas bajo distintas asociaciones y modalidades. Surgieron de esta suerte, el Cuerpo de Palilleras de La Reina, Las Pajilleras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y ya entrado el siglo XX, las Pajilleras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República.

2 comentarios:

Alfonso dijo...

Como terapia paliativa que regule el exceso de estrés provocado por la postración de la convalecencia hospitalaria no está mal. Y si encima la manola te la hace una monja pues disfruta del erotismo del morbo añadido.

Que varón, si ha tenido como fue mi caso mi caso por un accidente de moto, tener que pasar largas semanas de forzada hospitalización no ha pensado en ello: "Joder, que a gusto y relajado me quedaría (nos quedaríamos, pensando en los demás pacientes accidentados) si una de las enfermeras le diera por trastear con el cacharrito de mear hasta que expulsara la "mala leche". Pero, no, esa clase de terapia no se aplica, al margen casual y excepcional de que en alguna ocasión hayan coincidido el deseo del paciente con la intención de la cuidadora. Pero, repito, no estaría mal. Y viceversa, por supuesto, respecto al personal femenino.

Igual ahora, con los recortes sanitarios, se ponga en prácticas semejantes cuidados paliativos. Barato, al menos, lo es. Ni siquiera habría que usar guantes de goma. Agua y jabón, y listos...

ANITA dijo...

Habrá que crear Alfonso un nuevo cuerpo de pajilleras pajilleros por supuesto no todo va a ser para vosotros jajaja.
De todas maneras si tengo la suerte de volver a un hospital a trabajar esta que viste y calza no está por la labor.