lunes, 4 de abril de 2011

Una reflexión triste.

Siente que cada vez quiere más a la Iglesia y no se imagina al margen de su vida y su fe. Con el paso de los años cada vez le importan menos sus criterios, sus ideas, sus puntos de vista y necesita más olvidarse de sí mismo para creer que es de Cristo en la Iglesia. Con el tiempo, cubrirá todos los espejos de su casa con un denso telón.
Sí. Reconoce que todo lo ha recibido de la Iglesia. Y lo que hace por ella no deja de ser una ínfima restitución sacada del tesoro que le ha entregado.
Se fía de la Iglesia. Más que de sí mismo. Y en esa confianza encuentra la paz. La paz siempre se cobra un alto precio.
No quiere creer más ni menos que lo que la Iglesia así le ha transmitido. Ni ser sacerdote de forma diferente a lo que ella le indica. Su fe, la suya. Su moral, la que le enseña. Sus celebraciones, su oración, como ella le muestra. Le aterra ser él, ni por un instante.
Su personalidad, su identidad, su criterio, su él, su madurez personal, su independencia de pensamiento…  Todo se lo regala a la Iglesia. Porque él está convencido de que ella le está dando a Cristo: la Palabra, los sacramentos, la fe… Todo es un regalo que, cree, la Iglesia le hace llegar.
Su Iglesia. Llena de pecadores y de santos, dice. Salpicada por las pasiones humanas. Trigo y cizaña juntos, pero no será él quien se atreva a decir lo que es cada cual, ni a distinguir entre buenos y malos. No al menos mientras pertenezcan a la Iglesia.
No quiere ser sacerdote si no es del todo en la Iglesia. No quiere servir a la gente si no es como la Iglesia le pide. No puede predicar otra cosa que a Cristo muerto y resucitado según la fe de la Iglesia.
Se trata de la triste reflexión de un autómata. De un cobarde. Qué no callaría, hasta dónde mentiria, si la Iglesia se lo exigiese. Esa Iglesia que se lo ha dado todo, a cambio de su alma.
Uno de ésos que, alguna vez durante nuestra infancia, nos dieron la comunión con ruedas de molino.

9 comentarios:

Alfonso dijo...

Y a la contra, sucede, que quien piensa así, quien ha entregado su voluntad a una idea, unas prácticas y una fe esquizofrénica, pues dividió la realidad y se entregó ciegamente a ella, cree, que todo aquél que no secunda las directrices por las que él se mueve, no sólo está erróneamente equivocado, sino que además se desliza por la senda de la perdición de su alma.

Y, en el fondo, no son felices, Isaak, porque como la "carne es débil", no dejan de sufrir mil contradicciones de toda índole (psíquicas y físicas) con las que tienen que luchar constantemente reprimiendo naturales tendencias, por lo que han tenido que adoptar un cierto sentimiento masoquista y ocultamente resignado de la existencia, que se incrementa en estos tiempos de cuaresma, que es el "ramadán" de los católicos.

Y, ellos, que tanto hablan de "posesiones", no se dan cuentan de que son los auténticos "poseídos". Poseídos por una institución que les subyuga y convierte en marionetas sin criterio, porque aunque parezcan no darse cuenta y no quieran jamás reconocerlo, ya que es el subconsciente quien les anima a obrar así en la creencia de la entrega a su dios, en realidad viven cagados de miedo, temerosos de salirse un ápice de la vereda que se les ha marcado. Temen a la muerte y desean garantizarse la incógnita que supuestamente hay detrás de ella.

Cambiaron la cualidad humana que es la inmediata realidad por la idea-fe de la supuesta cualidad divina. Y resulta que ahora no tienen ni la primera ni la segunda. Y así, hasta que se mueran.

Alfonso dijo...

Salvo, que en un proceso de valiente racionalidad, se vayan conociendo así mismos y al mundo que les rodea y vayan reconociendo que el ser humano es pluricultural, curioso e intuitivo. Que no existen verdades reveladas establecidas como únicas y que pueden aprovecharse de la inmensa información que todos los medios del conocimiento pone a su alcance.

Porque aunque existiese alguna causa primera de todo lo que es, que tuviéramos que identificarla como tal, de lo que estoy seguro, por propia intuición natural, es que no me va a reprochar mi condición humana y por tanto mis naturales inclinaciones. Que no son buenas ni malas. Sencillamente porque forman parte integral de mí mismo.

Isaak dijo...

Rescinden anticipadamente su contrato con la vida, renuncian a quienes son con la esperanza egoísta de que ello agrade al Gran Inquisidor que imaginan les espera tras la muerte, a la espera de caerle en gracia y considere que tanta humillación y autoflagelación les convierte en merecedores de una existencia eterna libre de dolor.

Acaban considerando que todo nuestra biología es una pura trampa: nacemos con unos instintos que deberemos reprimir, y una capacidad de raciocinio que es preciso castrar hasta convertirnos -voluntariamente, si no no tendria mérito ante Sus Ojos- en burdos eunucos, marionetas concebidas para satisfacer el narcisismo de un dios.

Cada cuál es libre de elegir su camino, pero cuando leí esta reflexión me inundó una profunda tristeza. Igual me da que se trate de un cura católico, un fiel musulmán, o un anarquista intransigente.

Contemplar la renunciar a pensar, dejarse morir en brazos del fanatismo y la fe ciega, da igual en qué, siempre me produce desesperanza.

Alfonso dijo...

Creo que era unos de sus santos, Ignacio de Loyola, quien decía que en el término medio estaba la virtud. No es un tópico cuando se afirma que los extremos se tocan. Pueden cambiar los contenidos, pero las formas ejecutantes de esos contenidos son las mismas. Ambas se realizan desde la fanatización intransigente y exclusivista.

ANITA dijo...

Muchos cobardes existen y no cambian porque es mejor vivir bajo un precepto dañino que les conviene de algún modo. He conocido y conozco gente que piensa igual, ve lo negro pero no cede, es mejor sucumbir y no decir nada, y aún sabiendo de dudas y certezas son dañinos.
Intentan enredarte con mas diplomacia y artimañas porque saben bien lo que hay,hacen ver que comprenden tienden la mano y enredan y siguen creyendo que igual si siguen la linea se ganaran el cielo.

ANITA dijo...

Por cierto todos tienen dudas con el paso del tiempo y se mortifican por dudar y se ensañan con quien intenta decir que griten de una vez. Es de humanos dudar y pensar.
Salvo los nuevos conversos que pasan un tiempo viviendo en los mundos de Yupi.

Isaak dijo...

Y quién no tiene dudas, Anita. Yo también las tengo. A veces pienso si no habrá un ápice, un gramo de verdad muy en el fondo del mastodóntico e irreal imperio que han montado a lo largo de los milenios.

De todas formas prefiero esperar hasta estar seguro de en qué creo, a que el tiempo me desengañe y me descubra que he desperdiciado mi vida persiguiendo fantasmas y sirviendo voluntaria y rastreramente a intereses repugnantes.

ANITA dijo...

Yo ya no pienso Isaak, difícil saber quien tiene la verdad, lo que si está claro como quieren imponer los preceptos para ser todos buenos y como llevan siglos tocando los huevos. Algo grande habrá pero no el que me quieren pintar.

Alfonso dijo...

La duda no es solo razonable, sino también necesaria. Y de la duda nos beneficiamos cuando pone en nuestro psiquismo un mínimo de racionalidad. Y por la duda nos hacemos preguntas que tratamos de resolver en la medida de nuestras humanas posibilidades.

Prefiero estar reinterpretando constantemente la realidad a través de mi experiencia y limitadas herramientas cognitivas, a que esas realidades, transformadas en verdades inmutables por tal o cual institución ya se me den mascadas y listas para digerir.

Si esto no lo entienden los dioses pues primero que se pongan de acuerdo entre ellos y no confundan tanto a los pobres mortales... XD ...