domingo, 20 de febrero de 2011

SUGESTIONANDO, QUE ES GERUNDIO...

Esta es una de las frases que se utilizan entre cursillistas. Encierra un peligroso condicionamiento justificativo. A partir de la sugestion asumida de que eso es asi, por la gracia de dios, se puede hacer cualquier barbaridad. Como de hecho las sufri y solemos sufrirlas.


Como bien comenta nuestra querida Anita, la sugestión, a través de todas unas técnicas de persuasión magistralmente orquestadas, es el recurso principal que interviene en la “conversión” de los incautos que son llevados a unas jornadas de Cursillos de Cristiandad.

Evidentemente, esas técnicas de sugestión no son exclusivas de este movimiento católico, pues la iglesia (como todas las demás religiones) lo ha ido practicando a lo largo de toda su historia para hacer creer a las gentes los dogmas y preceptos que han ido recibiendo de otros anteriores, tan sugestionados como ellos.

La política, las ideologías en general, el comercio y en definitiva todo aquel que quiera “vender” algo utiliza medios sugestivos con los que inducir al receptor de la información de tal manera que, convencido de lo que se le propone, consuma el producto interesado.

De una u otra manera, en muchos ordenes de la vida recibimos constantemente un bombardeo de sugerencias, convenientemente aderezadas para hacerlas atractivas y se nos invita constantemente a decantarnos en un sentido o en otro.

Los llamados recursos de la fe no están exentos de esos manejos, por mucho que los que ya están imbuidos en ese proceso quieran negarlo, y atribuyan esa gracia a la directa inspiración divina a través del “espíritu santo”. No existen diferencias entre un vendedor de cepillos de dientes que trata de colocarte un producto eficaz, bueno, bonito y barato, en su cometido y el predicador religioso de turno que con su discurso, testimonios y puesta en escena te esta induciendo a la aceptación de una “verdad” que has de asumir por fe. Y la iglesia católica, como digo, ha sido y sigue siendo autentica maestra en vender resignación y conformidad en la Tierra para luego ser recompensados por siempre en el cielo. Si no, ya sabes: condenación y sufrimiento eterno.

Si  no recuerdo mal fuimos a ese cursillo un total de ocho chicos, del entorno parroquial en el que nos movíamos. Yo tenía 17 años, mi hermano 15 y el resto de amigos andaban también por esas edades. En el monasterio donde se daba el cursillo nos llegamos a juntar alrededor de 40 personas, procedentes, imagino, de grupos de otras parroquias, como nosotros.

En aquella época, en un barrio obrero como en el que yo vivía, la iglesia parroquial, que tenía un local anejo, se constituía en el centro de reunión de aquellos adolescentes que manteníamos ciertas inquietudes y sensibilidades mas allá de los consabidos guateques y discotecas. Nos permitía reunirnos, organizar excursiones, actividades lúdicas, debates, alguna obrilla de teatro y, a cambio, pagábamos la “factura” de asistir a algún que otro acto religioso y trabajar gratis para el aprovechado párroco, pero todo ello no nos causaba mayor impedimento en el transcurrir de nuestras vidas de jóvenes despreocupados y con ganas de diversión.

Hasta que un buen día aparecieron los “cursillistas de cristiandad”. Por lo general, jóvenes de mas edad que nosotros, que se incardinaban en el grupo para, en principio, participar de las mismas actividades que creábamos, pero con el objetivo claro de empezar a hacer una labor de zapa que convergería en la invitación a la asistencia de uno de los cursillos que periódicamente celebraban en un monasterio de Tiana.

Tendían a comportarse como auténticos paladines de la fe, corrigiéndote constantemente en aquellas cosas que ellos entendían quedaba fuera del sentimiento y el obrar cristiano. El resto de chicos lo aceptábamos con cierto sentido de la tolerancia porque no afectaba de forma decisiva al modo en que hacíamos las cosas y, en todo caso, comentábamos divertidos el exagerado meapilismo de aquella gente, con sus rezos públicos y exageraciones testimoniales de lo que entendían era ser buen cristiano.

A base de insistir en la invitación de asistir a un cursillo, el grupo básico de los que formábamos  aquel grupo de amigos, acabamos cediendo a la petición y un fin de semana nos llevaron a un monasterio situado en la localidad barcelonesa de Tiana para hacerlo.

Nada mas entrar empezaron a imponer las normas de participación, con la maquinaria de la “conversión” bien engrasada y provista de todos los recursos de sugestión psicológicas que se iban a poner a disposición del proceso del ya iniciado lavado de cerebros.

La primera imposición era que a partir de ese momento, hasta nueva orden, tenias que mantenerte en silencio total, no podías hablar con nadie por ningún motivo. Era viernes por la tarde, nos metieron a cada uno en una celda, completamente aislados, y así permanecimos durante un par de horas preguntándonos que hacíamos allí, hasta que nos avisaron para ir a cenar, en riguroso silencio, naturalmente. Una vez cenados, nos llevaron a la capilla donde el cura consiliario nos dirigió unas palabras de bienvenida, hizo algunas alusiones al desvío y desconcierto de la juventud de entonces, como preludio de lo que nos esperaba, se rezaron algunas oraciones y la cosa quedo rematada con unos cánticos que había que reconocer estaban bien ensayados. Y vuelta a la celda a dormir. No serian más de las 10 de la noche.

A las 6 de la mañana del día siguiente nos despiertan y sin romper el silencio volvemos a ingresar en la capilla, donde oímos misa y el mismo cura en la homilía nos suelta ya la primera andanada. Nada importante, me decía yo, un “retiro espiritual” normal y corriente que nos hará perder un fin de semana y nada más.

Desayunamos e inmediatamente comenzaron los discursos, o “rollos”, como ellos los llamaban. Estos rollos los daban, alternativamente, cursillistas ya experimentados, gente que se presentaban “de que eran como tu” y que te explicaban unos testimonios de vida tremendos en su lucha contra el pecado. Los mismos pecados, lógicamente, que todos los que asistíamos al cursillo cometíamos. Contaban con vehemencia y convencimiento de que modo vivían la fe, hasta el punto de nadar heroicamente contracorriente e, incluso, de llegar a hacer violencia emocional, sino física, por amor del reino de los cielos, por dar autentico testimonio de vida cristiana. Después le tocaba el turno al cura, que le daba el bagaje teológico, dogmático y doctrinal que redondeaba las intervenciones anteriores.

Este sacerdote, que era el responsable del movimiento de cursillos en Barcelona, el padre Genis, era un tipo muy aparente para aquella clase de actos. Alto, con aspecto de galán maduro, barítono de voz, de dicción perfecta, con una capacidad oratoria impresionante, de modo que cuando hablaba sobre cualquier tema argumentaba de tal forma que al oyente no le quedaba la menor duda de la veracidad de sus exposiciones, iba pulcramente ensotanado y sus modales aparentaban una exquisitez de afección casi teatral.

Para la hora de comer, la tensión creada a los asistentes del cursillo después de varios “rollos” ya era mas que notable, pues alguna que otra lagrima asomaba en los ojos de alguno, quizás “arrepentidos de sus vidas disolutas”, o por las disquisiciones y preguntas que otros, entre los que me encontraba, dirigíamos a los instructores, acabando en agrios debates en los que intentaban rebatirte cualquier argumento lógico, anteponiendo, por encima de todo, que no teníamos autoridad para justificar nada pues estaban basados en el error de quienes viven en pecado y sostienen una moral errónea y anticristiana.

En silencio nos llevaron al comedor y en la misma actitud comimos, mientras uno de ellos leía pasajes de la biblia, de pie junto a un atril.

Después de comer, y sin salir aun del comedor, levantaron la imposición del silencio permitiendo que pudiéramos intervenir en la retahíla de comentarios jocosos, chistes y demás chascarrillos que vinieron a continuación iniciados tanto por el cura como por los cursillistas veteranos.

La sorpresa fue, que aquellos chistes y demás historietas eran de un verde mas que subido en el aspecto sexual, donde la expresión mas soez, el comentario mas mordaz, así como todo tipo de irreverencias, incluidas lo que la iglesia señala como blasfemias se decían con una naturalidad pasmosa. Aquello se convirtió en una especie de taberna barriobajera habitada por gentes de la más baja estofa.

Enseguida me di cuenta de la intención de aquel comportamiento: Usar ese recurso, tan aparentemente contrario al espíritu de lo que allí se pretendía, como válvula de escape a las tensiones producidas en las charlas de la mañana. Técnicas manipulativas bien diseñadas basadas en múltiples experiencias anteriores. Es el clásico “tira y afloja” para que la tensión excesiva y mal digerida no rompa el animo del participante y opte por largarse antes de tiempo, incapaz de asumir todo aquello.

Una vez que vieron que la distensión y el buen humor era la nota dominante salimos del comedor para disfrutar de un rato de asueto por los claustros y patios del monasterio y sin la prohibición de no poder hablar, cosa que se agradeció, permitiendo ese proceder a que se crearan grupos por afinidad. Comprobé que aquella maniobra estaba perfectamente calculada pues les daba una visión de los estados de ánimos de los asistentes y de ese modo podían operar con mayores garantías persuasivas.

Por ejemplo, el chico que discrepaba y yo nos buscamos, con el ánimo de comentar todo aquello desde un aspecto critico, por lo exagerado en sus exposiciones y por la carga emocional tan tremenda que provocaba, como si fuéramos auténticos monstruos, con todo aquello del pecado, de las ofensas a Dios y nuestras blandenguerías cristianas. No duramos juntos ni cinco minutos pues se acercaron dos “hermanos” veteranos y amablemente nos separaron para hablar con cada uno de nosotros individuamente.

Y aquí se repitieron las historias del “policía bueno, policía malo”. Durante el rato que duro el “paseo” tuve dos charlas. La primera con un cursillista veterano que me estuvo vapuleado semánticamente todo lo que quiso, llegando los dos a un estado de vehemencia más que notable. Cuando me dejo me abordo el “policía bueno”, que con una amabilidad exquisita me pidió que perdonase la brusquedad del “hermano” anterior, pero era que su celo y amor por Cristo le hacia ser aparentemente poco amable y tolerante. Y con palabras medidas y suaves trataba de reconducir mi actitud para que supiera ver la oportunidad que se me estaba ofreciendo para reconciliarme con Dios y ser un autentico soldado suyo.

Siguieron mas “rollos”, celebraciones piadosas, la cena, donde se volvió a las animaladas de contar lo mas escabroso que se les ocurría y a dormir.

A la mañana siguiente, domingo, me entero que el chico discrepante se había marchado. Y pensé que fue un valiente al hacerlo y no soportar mas tantos reproches y acusaciones por muy en nombre de Dios que fuesen. De haber ido solo hubiese hecho lo mismo, pero el estado de ánimo de mi hermano no aconsejaba que lo hiciera pues a esa altura del cursillo estaba bastante entregado y tendría que habérmelo llevado a la fuerza, cosa que por otra parte aquella pandilla de energúmenos no habría consentido. Y aguarde acontecimientos.

Y como traca final (no se si lo hicieron con todos) me llevaron entre dos cursillistas veteranos, de reconocido bagaje testimonial, dentro de la iglesia, recorrimos todo el pasillo, subimos al presbiterio y ante mi sorpresa me colocan enfrente del sagrario abierto, a apenas un metro y medio del mismo, en el que se encuentra un cáliz con hostias consagradas. Y en ese momento se inicio lo que a todas luces entendí como un autentico chantaje moral y emocional.

Me advirtieron de que estaba delante del mismo Dios, que su presencia era inequívocamente real, que Cristo era testigo de todo cuanto allí acontecía y que tendría en cuenta mis pensamientos, que ante su presencia nada tenia que decir. Que era la gran oportunidad para que en un acto de autentico arrepentimiento, me afligiera y purgarse mis pecados por la gracia de haberme traído a aquel cursillo. Que mi futuro de cristiano y por lo tanto de mi salvación dependía de lo que supiera hacer con ese momento que estaba viviendo, etc. etc.

Y todo esto a voces, en un “in crescendo” perfectamente calculado, con la vehemente intención de que el receptor de semejante “bronca sacra” acabe de rodillas, totalmente entregado, y llorando a moco tendido, clamando sus miserias y solicitando el perdón de sus muchos pecados. Si se conseguía esto la doma estaba concluida. El cambio de consciencia se había operado. Seria bienvenido y abrazado por sus hermanos mayores y pasaría a formar parte de la secta. Me convertiría en el hombre nuevo, pletórico de fe, henchido de amor hacia mis hermanos, dispuesto al proselitismo, virtudes todas tan deseadas por la santa madre iglesia.

Pero lo que estaba era indignado de tanta presión y no lo soporte más. Y a pesar de las violentas contradicciones que me causaba aquella situación, sacando fuerza de flaquezas, dije basta, ya esta bien, di media vuelta y me dirigí hacia afuera de la capilla. Quizás por la falta de costumbres aquellos dos cristianísimos hermanos se quedaron mudos por un momento, pero tal como me alejaba, sin volver la vista atrás, estuve oyendo todas las sagradas imprecaciones y anatemas  que me dirigían. Corrieron tras de mi, me alcanzaron, me cogieron cada uno de un brazo, comenzaron a decirme que si sabia lo que había hecho, que había ofendido al mismo Cristo presente en el sagrario, que había emprendido el primer paso hacia mi condenación eterna. Tuve que hacer fuerza para zafarme de aquellas tenazas y me salio por primera vez la frase que alguna vez he soltado en otras ocasiones: “Si Dios es lo que decís que es, que le den mucho por culo, pero que no cuente conmigo”.

Y me fui. Pero no pude llevarme a mi hermano. No se atrevió a irse. Por otro lado, seguro que estaría pensando: “Otra de las bravuconadas de mi hermano mayor, que con tal de discutir es capaz de cualquier cosa”.

Con el tiempo, hemos recordado aquellos episodios y no deja de reconocer que aquello fue un lavado de cerebro en toda regla, y que sentía autentico miedo de hacer algo distinto a lo que le obligaban. De hecho, y durante algún tiempo, estuvo supeditado al movimiento de cursillos porque después del mismo existe todo un sistema de mantenimiento de la adicción. Incardinan al neófito en un grupo que se reúne cada semana donde los controlan en todos sus actos y los reconducen en caso de dudas o tibieza. Hasta que me tuve que enfrentar a aquellos energúmenos por obligarle a realizar mortificaciones metiéndose chapas de cerveza boca arriba en los zapatos, amenazándolos de que si volvían a acercarse a mi hermano les iba a romper la cara uno a uno.

Mas tarde vino el episodio de mi novia, que obvio porque ya lo cuento en mi blog.

Anita, así como casi todos/as los que me leéis, sabréis entender, que cuando digo que estoy “vacunado” ante ciertos intentos de sugestiones sabéis muy bien a que me refiero. Habérseme ocurrido, además, cursar estudios de Filosofía y Teología aun me sirvió para confirmarme aun más en la corroboración de cuales han sido las causas del fenómeno religioso en el devenir de los acontecimientos humanos. De que aquello que se llama fe, y esta diversificada en tantas creencias, no es otra cosa que la sugestión de unas ideas puesta al servicio de una supuesta causa transcendente. Pero todas ellas exentas del menos atisbo de racionalidad.

Estudiando filosofía aprendí de la inmanencia y limitaciones del pensamiento humano, de la imposibilidad de poder aprehender, por su propia naturaleza, las llamadas verdades absolutas que, precisamente, como si de una gran incongruencia se tratara, se llegan a ellas mediante la fe, no mediante el razonamiento. En creer en lo que no se ve, como dice el catecismo.

En fin, esto se hizo demasiado largo. Quería contaros con un poco de mas detalle aquellas experiencias vividas que, en vez de aportar los sentimientos que algunos que se asoman por aquí manifiestan, sirvieron para mantenerme cauto ante los cantos de sirena de una corriente religiosa que no es ni mas ni menos como las demás, que sirve a unos intereses muy concretos y que nada tiene que ver con los deseos primigenios, supuestamente revelados, por entidades divinas.

6 comentarios:

Gangrol dijo...

Como bien dices, Alfonso, este tipo de retiros están bien diseñados.

En el caso que comentas comienza con un estado de privación sensorial (si bien parcial pues no se puede hablar... pero eso se traduce en que tampoco se puede oír, de forma que la conducta la marcan aquellos que sí hablan y por lo tanto los únicos escuchados), de forma que ya tenemos a los borregos y a los pastores. Unos no pueden expresar de ninguna de las maneras un descontento o incluso una simple réplica, mientras que los otros marcan todas las pautas y conductas, dirigen y señalan el camino a seguir.

En estas, evidentemente, se genera lo que se conoce como "dictadura de la masa", es decir, para no ser la "nota discordante" se mantiene uno con bajo perfil y hace lo mismo que los demás, forma parte de la "masa". Es la "voluntad de la mayoría". Y al ser de obligado cumplimiento el silencio, esa mayoría puede ser falsa (a lo mejor todos piensan que eso es una chorrada y mejor estarían en su casa o en la calle, pero no allí; pero como no pueden expresarlo, y ante el temor de desentonar, prefieren seguir al rebaño).

Luego sigue la ruptura (perfectamente orquestada) jocosa, que permite un distendimiento total. Al ser un cambio tan radical, la "marcha" la siguen marcando aquellos que mueven los hilos, y el resto simplemente se dejan llevar.

Y así hasta el punto culminante... el lavado es ya tan fuerte que te llevan a un punto donde es imposible decir NO. Y si bien tu fuiste capaz de hacerlo, la mayoría seguro que no. Y ese es el principio de la "conversión".

En resumen: No pienses, No discutas, No razones... Obedece y Calla (después de todo es por tu bien).

Gracias Alfonso por la lección que les diste.

Un Saludo Felino
Miau

Alfonso dijo...

Gracias Gangrol. Aunque no fue fácil. Tuve que superar muchos condicionamientos humanos (y eso a los 17 años es complicado) para decidir, en pleno paroxismo impositivo, rebelarme contra lo que se me quería inculcar a la fuerza. Es, en cierto modo, el sentimiento revelador de decirte a ti mismo ¿pero que hago yo aquí? ¿Que vida criminal de pecado y desvarío puede tener un chaval de 17 años que ademas de trabajar y estudiar solo desea ser "normal" y hacer cosas "normales"? ¿Desde cuando tengo yo vocación de "santo"? Y me pareció todo tan fuera de lugar que era la única manera de romper con la situación. Hacer oídos sordos e irme por donde había venido.

Pura técnica coercitiva. No hay mas. Revestida de "santas" intenciones para la conversión a lo que ellos entienden por ser buen cristiano: Mucha misa, mucho rosario, mucha confesión, mucho contarle a los demás lo pecador que eres, mucha auto-represión privándote de aquellas cosas que te gustan pero que no las haces para "agradar" a su dios, el sexo ni olerlo y si se te empina te la machacas, mucha mortificación física con garbanzos o chapas de cerveza en los zapatos, oraciones en publico con los brazos en cruz, fidelidad absoluta a tu director espiritual y a la jerarquía eclesiástica... y un largo etcétera que lo único que sirve es para convertirte en un pelele, en un borrego amaestrado.

Han pasado ya mas de 40 años de aquello y sigo pensando que fue lo mejor que hice. No hace mucho, en el hospital donde estaba ingresado mi padre, me encontré con un tal Diego, amigo de entonces y uno de los que fueron conmigo al cursillo. No lo veía desde entonces. Aun seguía "enganchado". En el ratito que estuvimos hablando, después de reconocernos y saludarnos, me pregunto (como no) por los asuntos de la fe. Le conteste ¿te acuerdas como me fui del cursillo?... pues sigo en ello. Y, asombrosamente, pretendió adoctrinarme, como si no hubiese pasado el tiempo para nada y todo siguiera igual. Riéndome, lo corte radicalmente diciéndole que no necesitaba sus sermones, que a mi me parecía muy bien que el siguiera con su esquizofrenia pero que se ahorrase la molestia de traspasármela. No has cambiado desde entonces, me dijo. Efectivamente, pero a ti si te cambiaron aquel fin de semana y ya veo que sigues sin ser tu, esa es la diferencia.

Creo que este hombre aquella noche se la paso rezando por mi. Ya se habrá olvidado.

ANITA dijo...

Tal como cuenta Alfonso y gracias por la estima que me tienes, sin dejar un solo punto y coma así se comportan cuando consiguen meterte que no es invitarte a esos cursillos. Las mismas formas y la misma manera de escoger a quien ellos creen susceptibles de conversión o mas bien diría yo de no te escapes. Si es bien seguro que a la calle o bares a detectar incautos no van, bien saben donde se meten, o como yo haciendo unas prácticas en un hospital di con la "magnifica" amiga bien aleccionada que me metió allí por ver en mi una buena persona un poco alejada de Dios que necesitaba su consuelo, o eso me decía ella. Me llegó hacer creer que era tonta no os digo mas.
En aquel tiempo aún no me había casado y tenía mi niño 2 añitos me costó dejarlo 3 días sin verlo pero estaba bien con mis padres, en aquel entonces casi me cuesta la relación con su padre que siendo un ateo de tomo y lomo como me dijeron no entendía que me fuera de retiro tres días. Intentaron separarme de él con la excusa de que Dios perdonaba mi pecado de haber sido mancillada sin casarme jeje no os lo perdáis mancillada tiene cojones. Se lo montan bien la verdad y si llegas a llorar como una niña pequeña pensando que tienes la culpa de muchas cosas.
Días de silencio y rezos y sugestión mental a lo bestia. En el comedor te hacían cambiar de mesa en todas las comidas para que conocieras a todos pero era mas bien para no hacer demasiada amistad considerada peligrosa, y no por sexo no, mas bien era para que no tuvieras dudas y comentaras con nadie nada, no querían cogieras confianza con nadie.
Me ha dado la risa cuando leo lo de los chistes, también cuando me toco se hizo, hasta el cura bien encurado y de voz firme que acojonaba y oías atontada con esa seguridad que emanaba contó chistes de curas y monjas. Todo muy bien organizado. Se solían recibir postales de antiguos cursillistas dando animos con palabras grandiosas, hasta una postal de uno que dijeron tenía cáncer y no tomaba la medicación para ofrecer su dolor por nosotros cosa que hizo lloráramos todos, y claro pensabas si esta persona soporta esos dolores por mi ¿como voy a fallar ahora? -- SIGUE..

ANITA dijo...

SIGUE...
EL último día sales al salón, está tu familia tus amigos si quieren ir, otros cursillistas, te dan el crucifijo de recuerdo entras cantando "De colores" y te pasan el micro para que digas algo, eso si te prohiben decir gracias Jesús.
Ellos lo llamaban el amigo chuchi.
Yo dije y jamás lo olvidaré "estaba a punto de caer en un pozo y cristo me ha salvado" todos aplaudieron viva nuestra hermanaaa vivaaa y mi padre que estaba allí gran creyente hasta flipaba.
Cuando llegue a casa estaba como drogada, besé a mi hijo y le abracé y le dije a mi novio que teníamos que hablar.
En la segunda reunión de jóvenes y habiendo abandonado a mi novio por falta de fe y por evitar el pecado me tocara una teta antes de casarme empecé gracias a Dios a despertar.
Sería muy extenso contar las cosas que vi y me hicieron pensar con detenimiento que eso no era normal.
A un gran amigo que hice cristiano me lo querían endiñar de marido no os lo perdáis. Pero los dos no nos gustábamos para eso, empezamos hacer preguntas y proponer cosas que no gustaron, a él lo echaron por ereje jjja y a mi cuando por fin anuncie que me casaba con mi novio por lo civil. Ya hacía tiempo no iba con la escusa del niño no los aguantaba pero no dejaban de llamar e insistir y hacerme sentir culpable. Pero en este tiempo de pensar mandarlos a la mierda quedé con mi novio en casa de su madre a solas, echamos el polvo del siglo y nos casamos como pensamos siempre por lo civil pasando de imposiciones religiosas.
No soy la única junto con Alfonso que han conseguido lavarnos el cerebro una secta y digo secta porque eso era un secta con todas las de la ley.
Después de años me encontré al cura y me preguntó que tal y si creía en Dios. Le dije, nunca deje de creer señor cura pero no como ustedes dicen porque mi Dios no pertenece a su iglesia es imposible esté de acuerdo con ustedes.
No me llamó guapa precisamente.
La "amiga extraordinaria" que me metió allí dejo de serlo, esa cristiana de pro y pudiendo ayudarme a trabajar en aquel hospital se encargó de que no me llamaran para hacer sustituciones mas por aquel entonces no había tantas oposiciones como ahora.
Creer en Cristo, en Dios o en algo grande no tiene nada que ver con estas gilipolleces para nada.
¿Quien tenga la razón? Nadie, creo firmemente que quien manda y hace una persona buena es el corazón grande y ser tolerante con tu prójimo.

ANITA dijo...

No soy la única junto con Alfonso que han conseguido lavarnos el cerebro una secta y digo secta porque eso era un secta con todas las de la ley.

Quise decir que no han conseguido....

Isaak dijo...

Entre el texto y los comentarios, queda detalladamente descrito, como de manual, el muy efectivo proceso de lavado cerebral a seguir para hacer de un ser humano en desarrollo, un adepto, o adicto, de por vida.