lunes, 17 de enero de 2011

Sagrada familia, ¿ejemplo a imitar? de Juan José Tamayo, en el diario El Correo.

Hay por estos (y otros) lares quien se empeña en convencer a dios y al diablo de que la familia católica es un modelo de unidad y buen rollito. Yo no digo que no, pero lo cierto es que no lo parece.

No me escuece admitir que soy un profundo admirador y seguidor de los sectores renovadores de la Iglesia, surgidos o, más bien emergidos, a raíz del Concilio Vaticano II. Creo en ellos porque ellos demuestran cada día creer en el ser humano, además de las posturas religiosas que puedan profesar.

Creo poder asegurar que aquí nadie lucha contra el catolicismo. Nadie aspira a quemar iglesias, como alguna vez se ha llegado a insinuar, ni a asesinar creyentes de ninguna clase. Si contra algo se dirigen críticas y esfuerzos, es contra los ayatolas que cada día pugnan por manipular las conciencias sin el menor escrúpulo y con el único objetivo de perpetuar la consecución de sus propios intereses.

No me cansaré de repetir que los citados son teólogos católicos tan válidos y reputados como el más apto habitante vaticano, que todo intento por desprestigiar su labor a favor de lograr una  sociedad más libre y solidaria y la búsqueda e implantación del verdadero cristianismo, sería perder el tiempo.

Como indica el encabezamiento, os dejo un jugoso artículo de J.J. Tamayo, aquí

5 comentarios:

ANITA dijo...

No tiene desperdicio. Cuantas veces hemos dicho lo mismo aquí en este blog referente a que criticar o exponer posturas no quiere decir que se desee el exterminio o la quema de iglesias tal como dice el articulo.
La familia y Rouco corramos un tupido velo, ahora mismo no me apetece hablar mucho estoy floja.

Alfonso dijo...

"una familia en la que el padre no es padre, la madre es virgen, y el hijo es Dios... ¡Imposible de imitar!" ¡¡¡jajajajaajajajaaaa...!!!

Y es absolutamente verdad, al margen de la simbología moral católica que quiere predicar con lo de la imitación de la llamada Sagrada Familia.

Me recordó un cuentecito en que un misionero se adentró en la selva profunda y dio con una tribu de amables y pacíficos salvajes. El misionero les hablaba una y otra vez de Jesús, de su vida de predicación, de su prendimiento, pasión y muerte en la cruz, y del milagro de la resurrección. Y de como el buen cristiano tenía que ser un imitador de Cristo.

Los buenos indígenas escuchaban asombrados aquellas historias de boca de un fiel seguidor de aquél dios y reuniéndose quisieron contribuir a que aquél celoso misionero pudiera ser como su Maestro. Así que, siguiendo sus enseñanzas, lo prendieron, lo azotaron, le pusieron una corona de espinas y lo crucificaron. De ese modo estaban convencidos de haber hecho lo mejor para que aquel santo varón pudiera imitar a Cristo en todos los sentidos. Su única desilusión llegó cuando vieron que pasados los tres días el misionero no resucitó. Se encogieron de hombros, lo enterraron y siguieron con sus vidas sencillas y sus costumbres.

ANITA dijo...

Alfonso jajjaj joer que historia tío que historia la del misionero.

Oceanida dijo...

Habra familias de todas clases que lo sean, catolicas o no, la catolica "para mi" es un ejemplo a seguir. Que esteis de acuerdo o no eso ya es otra cosa.

Isaak, te has puesto a fabricar post a diestro y siniestro jo'mio respira un poco, que nadie va a cambiar de parecer ni tiene porque hacerlo.

Un abrazo.

Isaak dijo...

Una vez más, Oceánida, te recuerdo que los artículos no son míos.

Son de católicos hechos y derechos, no de cualquier mendundi. Éste, en concreto, es un teólogo como la copa de un pino, visto desde el punto de vista católico.

Yo no he escrito ni una sola letra, así que son los propios católicos los que quieren hacer cambiar de parecer a otros católicos.

Creo que no es tan difícil de entender, incluso para tí.