viernes, 28 de mayo de 2010

IMPUNTUALIDAD CELESTIAL



Pantalla exterior colocada en el atrio de entrada de la iglesia.



Como mi padre ya está en casa desde ayer 27 (agradezco a todos/as vuestro interés por su salud y pronta recuperación) y hasta las ocho de la tarde tenía tiempo para cumplir con el tratamiento farmacológico que ha de seguir, finalmente decidí darme una vuelta por la iglesia de Gracia y así poder asistir en vivo y en directo a la aparición de la Virgen María, según estaba anunciado que sería, como todos los días desde hace 28 años, a las 18:40 horas.


Cogí el coche y emprendí el camino, de manera que pocos minutos antes de las 6 de la tarde aparcaba el mismo a pocos metros de la corta calle de Gracia, justo en la confluencia de la gran avenida del Paseo de Gracia cuando enlaza con Mayor de Gracia.


He de significar que el milagro de encontrar un aparcamiento en superficie a pocos metros de la iglesia sí que convierte este hecho en un suceso extraordinario, teniendo en cuenta de la gran afluencia de vehículos que constantemente circula en esa zona y la nula posibilidad de encontrar un hueco donde meter el coche. Pensé, riéndome para mis adentros, que la Virgen me estaba echando una manita y evitando, de momento, meter el vehículo en un aparcamiento subterráneo ahórrandome así unos eurillos. Que esto me lo ofrecía como señal y preludio de ser testigo de otras maravillas que conllevara mi alma por el buen camino y la preparase para una posible conversión.


La iglesia estaba abarrotada de gente. Todos los bancos ocupados, las sillas plegables del final, como complemento a la posibilidad de estar sentado también, y menos el pasillo central, los laterales de la iglesia estaba atestado de público. Varias pantallas de modernos televisores de LCD, más otra mayor instalada en el altar ofrecía al feligrés la posibilidad de poder contemplar todo lo que las cámaras iban recogiendo. Otra gran pantalla en el atrio de la iglesia daba cobertura de los actos al medio centenar de personas que preferían el frescor de la calle al caluroso bochorno de dentro, mezclado con el incienso y los mil perfúmenes de la selecta congregación allí reunida.


Del total del pueblo mariano congregado, yo diría, que entre el 80 y el 90% eran mujeres. Entre ellas, podríamos establecer los siguientes grupos o distinciones. Por un lado, había un buen número de señoras tipo “Pitita”. Maduritas, estiradas, bien vestidas, de llamativos collares y alhajas, cardado y moldeado del cabello (todas rubias en diferentes tonos) de por lo menos 100 € la sesión de “pelu”. Con menos aderezos capilares, pero muy monas ellas pues lucían modelitos de las tiendas de moda de la parte alta de la ciudad, el grupo que podríamos incardinarla entre el pijeo de buen ver. Cuerpos estilizados, piel cuidada, manos y uñas que denotaban que en sus casas pueden tener una o dos chicas sudamericanas que ya se ocupan ellas de destrozarse las suyas por 400 ó 500 € al mes y algún que otro rosario en mano para que se note que saben pasar las cuentas del mismo cuando rezan. Dentro de ese sector también destacaba el “pijeo informal”, es decir, mucho pantaloncito ajustado con suéter de hilo a juego, y modos y maneras más estudiadamente informales. Otro sector femenino importante es el que ocupaba el meapilismo clásico de toda la vida. Blancas de piel, ojos ojerosos, vestidos anodinos confeccionados para evitar cualquier insinuación, no digo erótica, ni siquiera llamativo, con botones abrochado hasta la base del cuello. Y, como no, el inevitable grupo de viejitas, alguna de ella con el velo tradicional en la cabeza. Entre todas ellas, podría señalar también a buen número de “Mari-Conan de Endesa” entre las presentes. Mujeres entre los 35 – 40 años, de aspecto "kumbayano" que bien podrían identificarse con ese tipo, y que a poco que se pudiera tener un tanto de conversación con ellas veríamos reflejado el espíritu de fe agresiva de nuestra "guerrera" preferida.


Otro grupo también destacable era el de las adolescentes “comprometidas” con la causa de la “misión”, “apostolado”, o como queramos llamar al compromiso de estas jovencitas para extender la buena nueva de las apariciones marianas. El jersey celeste que todas llevaban las delataban en ese sentido, haciendo las veces de pertenecer al servicio de orden con un lazo del mismo color atado al brazo.


Y por último, las también adolescentes con sus clásicos uniformes de los colegios de pago de la parte alta de Barcelona. Vástagos todas ellas de algunas de las familias bien allí reunidas. Guapitas, rubitas y bien alimentadas, como ha sido siempre tradicional entre las clases pudientes. También habían, dentro del mismo grupo, algunas niñas de uniforme.


En cuanto al meapilismo masculino era más heterogéneo y abigarrado, pero susceptibles de ser también clasificados en algunos grupos de identificación.


Por un lado, el señor mayor, de bigotito ya canoso, pulcramente trajeado, con reloj, sino de oro al menos brillaba como tal. Eran los menos. Por otro, aquellos con aspecto de profesionales bien asentados: quizás médicos, abogados, farmacéuticos, etc.


Chicos jóvenes de familias acomodadas, captados para la causa, con gran fervor en sus rezos y ademanes. Algunos de ellos, también por su indumentaria a modo de uniforme pertenecientes al movimiento mariano y dedicados al servicio de orden. Y por último, por su aspecto, algún empresario con el cargo heredado de papá, capaces de dejar billetes de 50 euros (como pude ver) cuando pasaron los cestos de la colecta. Tampoco faltaba el trabajador medio, repeinado y vestido de domingo para la ocasión, con el tarro comido, que de todo hay en la viña del Señor.


Y ya, por último, la decena de inválidos en sus sillas de ruedas, puestos en primera fila, por si la Virgen tenía a bien curar a alguno, pero que me da la espina de que todos van a volver a sus casas tal como vinieron.


Quise tener una perspectiva de conjunto de los allí reunidos y me fui abriendo paso por un lateral hasta situarme cercano al presbiterio. Por otro lado, quería localizar a la vidente, cosa que no logré y lo achaqué a la falta global de visión, aunque las cámaras recorrían la nave mostrando a toda la feligresía.


Empezó la cosa con un “rosario floreado”. Digo “floreado”, porque como en el toque de diana de la mili ("diana floreada") que los músicos adornan hasta lo indecible, no se limitaron sólo a los rezos, sino que entre misterio y misterio se echaban unos cantes que hacía que la cosa de alargara más. Y así nos fuimos acercando poco a poco a la hora de la aparición. Mientras tanto, tomé algunas grabaciones con el vídeo del móvil que espero saber reproducir aquí. Por cierto, mi actitud de usar el móvil como cámara llamó la atención (será porque nadie más lo hacía) y hubieron algunos cuchicheos a mi alrededor. Me fijé que había una chica con aspecto de estar encuadrada en el meapilismo militante de toda la vida, que me miraba con curiosidad y pensé que quizás se daba cuenta que mientras los demás rezaban en voz alta, se arrodillaban, volvían a levantarse, yo me quedaba igual, ni movía los labios ni acompañaba con mis gestos el hacer de los demás. Más mosqueo hubo cuando, una vez acabado el rosario, los curas oficiantes hicieron una exposición del santísimo, y con la custodia a cuestas se pasearon por toda la iglesia bendiciendo a todo dios por todos los pasillos y rincones. Claro, cuando llegó a mi altura, por el pasillo del lateral, todo el mundo echó rodilla en tierra menos yo, que me quedé de pie con los brazos cruzados, tal como los tenía. Y el cura que llevaba la custodia tuvo que pararse justo allí, delante de mí para bendecir a los presentes haciendo cruces en el aire con ella. Yo pensaba: “a que saco el móvil y le echo una foto siguiendo la estela de la custodia". Pero me contuve porque bastante era ya el “cante”, estando de pie, que estaba dando y todas las miradas puestas en mí como para que se sintieran provocados sacando yo el móvil y haciendo lo mismo que el cura de la custodia. Cuando se hartó de hacer cruces en el aire me miró con cara de espanto dio media vuelta y se marchó con los otros dos que le recogían los faldones por detrás.


La cuestión es que eran más de las siete y Maruja la vidente, al parecer, no estaba y la Virgen, de momento, no daba señales de vida.


Y ahora viene lo bueno. Eran las 19:10 cuando, una vez dejada la dichosa y mareada custodia encima del altar, coge el cura el micrófono y explica: “Hemos tenido que modificar el orden de los actos por causa del retraso en el vuelo de la vidente. Pronto llegará al aeropuerto del Prat. Ahora celebraremos la Santa Misa y después volveremos a rezar otro rosario, que será el de los misterios de dolores. Durante el rezó de este rosario llegará la vidente y será entonces cuando se aparecerá la Virgen”.


No solté una carcajada de milagro. De todos modos el amago de bufido contenido que exclamé fue “captado” por el entorno. Viendo que se me echaba encima las 8 de la tarde, que es cuando le tocaba a mi padre la pauta de los medicamentos y demás, decidí largarme porque ya era suficiente. Así que me fui abriendo paso entre la gente y salí al frescor de la calle.


¿Así que la Virgen tuvo que “aplazar” su aparición por un retraso en el vuelo de su confidente, y que sus divinos poderes no supo resolver para estar a la hora anunciada?


Pero el descaro y la tomadura de pelo, que siendo ya descomunal por todo el sarao y el tinglado montado, adopta los tintes esperpénticos de “me cago y me meo totalmente en vuestras inteligencias”, es cuando el cura se saca de la manga “que como el avión se retrasa la Virgen se aparecerá más tarde”. ¿Quién se lo dijo? ¿El Espíritu Santo a través del "msn" espiritual? ¿O se lo ha soplado al oído la propia Virgen apareciéndosele a él? ¿O será la “ciencia infusa”, de la que habla la teología?


Y todos tan crédulos y contentos.


3 comentarios:

Isaak dijo...

Personalmente, Alfonso, mi agradecimiento es bastante más que mucho muchísimo. Tanto por la molestia que te has tomado como por la limpia crónica que has emitido. Como era de esperar, lo más sobrenatural que se ve en semejantes "eventos" es la inagotable capacidad del ser humano para alienarse a sí mismo, tanto a nivel individual como colectivo.

Asistir "en comandita" a algo así hubiese sido una experiencia impagable ... Algo así como una pareja de la guardia civil en una juerga gitana jejeje.

No me ha llegado la comunicación automática de nuevo post, así que posiblemente a los "seguidores" del blog, tampoco. Lo que explica la falta de comentarios. Si no avisas de que habías subido la crónica, lo que es por blogger ni me entero.

Has dejado patente tu eficiencia como observador y cronista, un día de éstos recibes aviso del Vaticano ofreciéndote trabajo como "observador neutral" en los juicios de apariciones ;-D

Un saludo cordial.

ANITA dijo...

La Paloma Gomez esta que da las noticias del Vaticano se queda chica a tu lado. Joer chico que cronica mas provechosa nos has contado y en primera persona, que bien puestos los tienes, lo que hubiera disfrutado yo allí, aunque seguro me crisman a capones jajajjaja yo eso de aguantar la risa lo llevo mal jaja.
Lo mejor cuando avisan que la virgen se retrasa jajajja, joer chico casi me atraganto los cereales mañaneros imaginandolo jajajjaja.
Eres nuestro reportero número uno. Como siempre has cumplido con creces la misión cristiana del relato del milagro jejejej. Con imágenes incluidas todo un lujo.
Un abrazo grande y me alegra mucho saber que tu padre está mejor.

calimeroesmalo dijo...

Desde luego hay que tener ganas¡¡ jajajajajaja
¡ Ole tus huevos!!
Y claro, a la virgen la ha retrasado la nube de ceniza volcanica esa, se veía venir.
De todas maneras no se de que te extrañas por la tardanza de la aparición Alfonso, si se la podía aparecer a diario tenía la opción de aparecerse en AM o PM.
¡ Pero si has hecho hasta videos!
¡ Y encima el día en que a la virgen la pitó la aureola en el aeropuerto y no pasaba por el detector de metales!
¡ Un abrazo reportero estrella!