sábado, 16 de abril de 2011

Semana Santa, persecución religiosa y Catolicismo excluyente.

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Próxima a perpetrarse, un año más, la festividad católica de carácter público y callejero de semana santa, llama -cuanto menos- la atención que el cardenal y arzobispo emérito de Sevilla, Monseñor Carlos Amigo, calificase hace unos días de «inconcebible» que, como ya dijo Benedicto XVI en la Asamblea de la Naciones Unidas, los creyentes «tengan poco menos que ocultar su fe para ser ciudadanos de pleno derecho».

Si, claro, sobre todo en Sevilla.

Concretamente, lo que el alto ejecutivo católico solicita no es otra cosa que se reconozca la libertad religiosa «de una manera explícita» para ofrecer las garantías necesarias para poder practicarla y que las comunidades puedan tomar iniciativas «en igualdad de derechos que los demás ciudadanos», particularmente el ámbito de la educación.

Haber empezado por ahí.

Así que se trata únicamente de un asunto de posesión: poder económico y tiernos aspirantes a guerreros de la luz a quienes modelar y sustituir el cerebro por un estricto -y estrecho- manual de instrucciones.

En tono burlón y esforzándose por contener la carcajada, Monseñor Carlos Amigo apuntilló que  «estos días, preámbulo de la Semana Santa», son «fechas plenamente indicadas para dar un paso al frente y defender nuestra religión de ese racionalismo laicista tan excluyente que nos envuelve por doquier». Concepción reclamó a los presentes «reivindicar» la Cruz, «ese símbolo de amor con el que Jesucristo salvó al hombre hace más de 2.000 años, pero también símbolo de concordia entre los hombres de buena voluntad por encima de sus respectivas creencias espirituales».

Mencionar el laicismo excluyente en un contexto que sólo considera hombres de buena voluntad a quienes tienen creencias espirituales -de cualquier signo-, nos lleva al catolicismo excluyente que demoniza a los muchos millones de individuos que no poseemos esas creencias espirituales.

Ya lo dijeron ellos mismos: la viga en el ojo y la paja en el ajeno.

2 comentarios:

Alfonso dijo...

Un instrumento de tortura como es la cruz es llamado "símbolo de amor y concordia". Un instrumento que, precisamente, tenía que haber sido desterrada de la iconografía cristiana por el más elemental motivo de dignidad y decencia.

Pero, no, pudo más el morboso victimismo de haber matado con ella a un "dios" y de esa manera justificar su muerte matando en su nombre a otros muchos con la otra cruz, la de hierro y acero con hoja de doble filo.

Y como de victimismos se trata, la jerarquía de una de las religiones más violentas de toda la historia, aluden hipócritamente a que se sienten reprimidos y coartados en sus derechos de manifestar su religión en público.

Cinismo que no falte. En eso también son maestros.

ANITA dijo...

Que quieren tener mas, si hacen deshacen a su antojo.
Hipócritas cínicos.