jueves, 21 de octubre de 2010

Dios mata a cuarenta y un mineros, en Ecuador y China.

Como es bien sabido, los Caminos del Señor son una putada. Este Ser Superior (o SuperSer -no confundir con la conocida marca de electrodomésticos-) lleva milenios esnifando el incienso de dudosa procedencia  y calidad suministrado por los Camellos-Sacerdotes de las diversas corrientes religiosas que presumen de codearse con el Master del Universo, y a estas alturas parece más que probado que no le sienta bien.

Se lo pasa en grande a nuestra costa. Uno de sus mayores divertimentos consiste en invadir la mente del primer humano que tiene a mano, dejarle catatónico (grogi, para entendernos) y pasarse tres pueblos dictándole unos libracos del todo impresentables, repletos de normas entre descabelladas y nefastas y dejando al tiempo bien claro que si pones en duda que son por tu bien o decides no cumplirlas a rajatabla, tus contemporáneos creyentes te van a brindar dos opciones: o hacerte la vida muy difícil, o la muerte sumamente fácil.
Por ejemplo.

SuperSer espera, aguantándose la risa, a que treinta y tres mineros se metan en la boca del lobo a casi un kilometro en dirección al mismísimo infierno. Una vez abajo, con esa cara híbrida de Daniel el Travieso y  Muñeco Diabólico que se le dibuja cuando está a punto de hacer una de las suyas, le suelta una patada al kiosko y entierra a las criaturas en vida.

O así hubiese sido si un buen puñado de valientes y otro puñado aún mayor de dólares, no les sacan sus pellejos del atolladero. Pero SuperSer tiene claro que en este planeta no hay huevos de plantarle cara, y sabe de antemano que los méritos les serán atribuidos a Él; y ahí es donde ya se atraganta a carcajadas porque, aunque sospecha que aquí abajo nadie se traga que Él haya movido un sólo dedo en la operación de rescate, sabe por experiencia que su obediente rebaño le tiene más miedo que cariño, por lo que todos los pelotas de turno -en número considerablemente alto en cada generación de ganado- les darán las gracias entre reverentes cabezazos y lamerán, cínicamente, su divino culo, a pesar de no haber salido en una sola foto.

Pero SuperSer nunca se dará por contento en lo que ha llegado a convertir en su pasatiempo -eterno pasatiempo- favorito: humillar a los seres humanos hasta verlos convertidos en cachos de carne suplicantes, babeantes, cochinamente reducidos a rastreros animales idólatras:

Unos kilómetros más allá de donde acaecen los sucesos descritos, en Ecuador, vuelve a aporrear la tierra con saña, y ésta vez cambia las reglas del juego. Mata a tres de sus criaturas sin pensárselo dos veces, sin otorgarles la menor oportunidad, y, con gesto frívolo, aguarda a que se produzcan las primeras reacciones: Pasan las horas, y nadie se caga en Dios. Nadie le culpa de los fallecimientos, como sería lógico deducir tras haberle atribuido, anteriormente, la salvación de los treinta y tres.

Este cachondo Omnipotente -y prepotente- se regodea, incluso, al permitir vivir a uno de esos desdichados chicos hasta un par de horas antes de que el equipo de rescate llegase hasta él.  ¿Se puede ser más retorcido? Sin vestir sotana no, desde luego.

Pero es en China donde SuperSer decide echar los restos y dejar claro quién manda: Si en Chile, por su gracia, permitió -afortunadamente- vivir a los treinta y tres, en China no le salió de sus cósmicos cojones dejar una simple nota de aviso acerca de la bolsa de gas que se avecinaba. Como resultado, treinta y siete hombres, humildes e inocentes mueren a causa de la desidia o el estúpido sentido del ocio de Dios.


Evidentemente, cualquiera puede deducir que Dios no ha tenido que ver en ninguno de los tres casos. Sobre todo, porque pensar en Dios en alguno de los términos descritos sería una soberana estupidez, ya que nos obligaría a endilgarle tanto los hechos positivos como los negativos, dejándonos finalmente con el culo al aire.

Ni más ni menos que como quedan, tras cada telediario, todos y cada uno de aquellos que día a día se empecinan en insultar la inteligencia más elemental y devolver a la Humanidad a las cavernas y la superstición.

4 comentarios:

ANITA dijo...

Super- Ser otia al principio sonaba a lavadora gracias por el apunte jajaj.
Nunca mejor dicho si antes Dios los salvó ¿ahora porque se ensaña? Los designios son inescrutables.
Al igual que el terremoto olvidado ya de Haití la venganza de adoradores del diablo y China igual por adorar dragones, nos falta que alguien lo diga y nos descojonemos otro rato.
Dios no es tan ruin y encima lo que supuestamente dijo lo escribieron unos cuantos apertadaos que luego otros mas apertadaos tradujeron y así luego otros hasta llegar a nosotros y seguramente ha cambiado la cosa hasta limites insospechables, según crece la mente y los tiempos se adaptan las cosas para acojonar y captar personal.
Igual un día de veras viene y se dedica a dar capones a diestro y siniestro. Debe estar hasta los mismísimos cojones de que cuando conviene le dan gracias o le echan la culpa de que el perro el vecino de cague.
Menuda gracia tiene el amigo.
No es un poco tonto por no decir otra cosa que cuando le apetece salva y cuando no para tener agarrados por los machos a la peña mueren.
No será mejor pensar que unas veces la suerte y las ayudas y no encontrar obstaculos como bolsas de gas o tierra inestable y pereseverancia salva y cuando se da lo contrario no hay nada que hacer.
Como dije en un comentario la fe de algunos puede sostener la esperanza vale y mantener la ilusión ante vivir o la aceptación de la muerte sin miedo. Tan solo eso puede ser válido en estos casos.
Pero claro quien cree en Manitú piensa que ha sido el Dios de las plumas de los Apaches.
Y tenemos la discordia.
Conclusión todos los Dioses acojonan castigan y perdonan que paradoja jejejeje.
La mala suerte ha echo que otros pobres mineros fallezcan ahora a saber a quien echamos la culpa.
Pero me temo que en esta ocasión ningún Dios aparecerá como culpable.
Un abrazo

Alfonso dijo...

¿Los chinos son cristianos?... No.

¿Qué son los chinos?... La mayoría pérfidos y ateos comunistas. ¡Pues ahí le has dao!...

Es que para Dios somos todos iguales, dirían nuestros iluminados y húmedos amigos... Y un cojón de mico, respondería cualquiera con dos dedos de frente.

Para Dios unos son más iguales que otros. O para qué está la historia, sino para demostrar lo afirmado.

¿Que mata a cristianos creyentes y fervientes? Por supuesto que los hace, por sus santos cojones. Pero, ¡ah! se van tos derechitos pal cielo para gozar eternamente de la contemplación divina.

¿Que mata a una pandilla de ateos comunistas? Esto, cuando lo hace, hasta sus creyentes lo justifican pues son morralla malvada e impía, y, ¡hala!, de cabeza pal infierno, donde también será eterno el sufrimiento y el rechinar de dientes (que con tanto tiempo por delante acabarán totalmente desgastados de tanto frote)

El problema no está en creer en un SuperSer, es ilusión arraigada en el ser humano desde el albor de los tiempos y, como dice Anita, pueder servir para superar ciertos problemas con la sugestión y la creencia de esa idea. El problema surge cuando se le quiere atribuir todo acontecimiento en la cotidianidad de la vida humana al estilo de "ningún cabello de tu cabeza se moverá sino es con el consentimiento de mi Padre". Porque si Dios está ahí siempre, interviniendo, para lo "bueno" y para lo "malo", en vez de dejarlo tranquilo, impasible e inmutable, en su trono celestial, sucede que el cúmulo de contradicciones en el que el creyente ciego cae es tal que se hace cómplice de asesinato por su obsesión de justificar las acciones luctuosas, horrendas y criminales de su Dios.

Cree en Dios, pero ¡cojones!, déjalo tranquilo y no le atribuyas solo lo aparentemente bueno, porque si también participa de las desgracias no habrá más remedio que llamarle de todo, menos bendito.

Lisístrata dijo...

Os dejo esto al hilo de esta entrada y esto otro también. Como podéis leer no se puede esperar nada más que fechorías de gentuza que apoyó al régimen criminal de Pinochet, por lo que queda claro, siempre lo estuvo para unos cuantos desde el principio, q el fulano Piñeira sólo se implicó en salvar a los mineros por puro marketing y publicidad de su imagen.

Alfonso dijo...

¿Donde estan los defensores de los "designios divinos", para que expliquen el para ellos nada extraño comportamiento del dios catolico?

¿Acaso se dan cuenta de que es una contradiccion oportunista mas que evidente darle gracias a Dios por su intermediacion salvadora cuando se evitan desgracias humanas, y sin embargo no saben explicar porque no obra ese dios del mismo modo cuando sucede lo contrario?

¿Por que callais, cuando un tsunami se lleva por delante 200.000 vidas y sin embargo lanzais las campanas al vuelo cuando se han salvado 33? ¿Que diferencia hay? La diferencia es la tecnologia humana y el logro de llevarla a cabo. Y punto pelota.